La danza en Colombia nace primero en la tierra, en el fogón, en la montaña, en la plaza de mercado y en la memoria de los abuelos, no se aprende únicamente en los salones culturales ni en las academias folclóricas.
Cada región convierte sus alegrías y sus dolores en movimiento. Por eso, recorrer las danzas folclóricas colombianas es recorrer también la historia profunda de un país diverso, mestizo y resistente.
Desde la costa Caribe, donde el tambor convoca la fuerza ancestral africana, hasta las montañas andinas donde el bambuco dialoga con la melancolía campesina.
Colombia danza como una nación que se niega a olvidar sus raíces
En el Pacífico, la marimba y el currulao conservan la espiritualidad afrodescendiente; en los Llanos Orientales, el joropo simboliza la libertad del llanero y su relación con el caballo, el río y la sabana infinita.
Mientras tanto, en la Amazonía, las ceremonias indígenas mantienen una conexión sagrada con la naturaleza y el universo espiritual.
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