Los residuos sólidos son uno de los subproductos más visibles de la prosperidad humana y una de las amenazas más subestimadas para nuestro futuro en común. Los residuos que se arrojan en una calle de la ciudad o en un basural del barrio no son solo un problema local.
El plástico transportado por los ríos llega al océano; el metano de los alimentos en descomposición se escapa a la atmósfera, y la quema a cielo abierto contamina el aire que todos respiramos.
Los residuos son un problema que gestionan los municipios pero que tiene consecuencias tanto locales como mundiales. En 2022, en el mundo se generaron 2600 millones de toneladas de residuos sólidos municipales.
En esta nueva edición de nuestro informe What a Waste, se señala que los volúmenes totales podrían aumentar a 3900 millones de toneladas para 2050—un incremento del 50 %—y que las regiones donde se registrará el mayor crecimiento serán África subsahariana (124 %) y Asia meridional (99 %).
En la actualidad, alrededor del 30 % de los residuos mundiales aún se vierten a cielo abierto o no se recogen, lo que agrava los riesgos para las economías locales, la salud pública y el medio ambiente.
Para hacer frente a este desafío se requerirán inversiones considerables y sostenidas. A fin de lograr la recolección y la gestión universal y sostenible de residuos se requerirá un nivel continuo de gasto público de entre el 0,3 % y el 0,8 % del producto interno bruto (PIB).
Sin embargo, los costos de la inacción—que van desde el agravamiento de las inundaciones y la contaminación hasta la caída en el valor de las propiedades y pérdidas en el turismo, empleos que no se crean y oportunidades económicas desaprovechadas—son mucho más altos.
Pero hay un futuro diferente al alcance de la mano. Con medidas estratégicas, los países pueden limitar la generación total de residuos incluso si las economías crecen, ampliar la cobertura de los servicios de recolección y mejorar su calidad, reducir los costos del sistema, y crear millones de empleos de calidad en toda la cadena de valor.
Los servicios de gestión de desechos, la recuperación de recursos y las industrias de la economía circular ya emplean a millones de trabajadores. Con políticas adecuadas, inversiones y apoyo a las pequeñas y medianas empresas y a la fuerza laboral informal, se pueden crear muchos más puestos de trabajo.
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