Vecinos en Bogotá se pelean: cuales son las quejas más frecuentes?

A puños, machete, palos, cuchillo, bala o en el mejor de los casos a punta de insultos y amenazas, los vecinos resuelven los problemas más insignificantes, que, por una legislación laxa, van en aumento. Solo en lo que va corrido de este año, la línea de emergencia 123 ha recibido a corte del 15 de abril, 4’677.451 llamadas. El año pasado para ese mismo periodo fueron 3’632.794, lo que significa que aumentaron un 28,8 por ciento.

No todos los casos son efectivos porque también llaman a hacer bromas, pero, por las cifras, la convivencia, a diferencia de muchos delitos que sí se han reducido, no va por buen camino.

Las zonas rojas de la intolerancia están en todos los estratos. Unos por tener mayor población, como Kennedy o Suba; otros por el tipo de población, como Chapinero, donde los jóvenes se agarran a golpes o a botella luego de salir de la universidad a la rumba. En Engativá, por ejemplo, en los tres primeros meses del año se instauraron 106 querellas por daños ocasionados por obras, goteras o porque no se le permitió el ingreso al inquilino que no ha pagado el arriendo.

Los casos van desde los más dramáticos, que llevan a la muerte, con venganzas incluidas, hasta los simbólicos. Los expertos señalan que si hubiese un Código de Policía más moderno o estrategias de convivencia más innovadoras, otras serían las cifras.

A la sombra, en el corredor de entrada de un edificio en Chapinero Alto, una señora espera escondida a su vecina con un palo de escoba. Cuando entra, la insulta, la amenaza y trata de golpearla.

“Me decía que yo estaba endemoniada, que me largara, que le entregara el apartamento”, nos relata la mujer. Por las noches, cuenta la agredida, “se paraba en la puerta del apartamento y comenzaba a timbrar y a dar golpes con el pie. Me quería enloquecer. Pero un día no aguanté más y comencé a hacerle la vida imposible”.

Todo empezó cuando la propietaria del edificio, quien vivía un piso más abajo, se despertó una madrugada por el ruido de la música, voces, risas, olor a marihuana y unos quejidos que despertaron sentimientos de rabia y odio contra su joven vecina, una ejecutiva que para la época trabajaba en una reconocida empresa.

“Con el mismo palo le pegaba al techo para despertarme. Y entonces comencé a ‘chancletearle’, a contestar, a subir el volumen de la música, y me quedaba hasta muy tarde para fastidiarla. ¿Y sabe qué es lo más absurdo? Que el del ruido, la música, la parranda y el porro era mi vecino”.

En varias ocasiones la Policía llegó al lugar, pero era poco o nada lo que podía hacer. Por poco el caso termina en tragedia.

Esta semana, en San Cristóbal, sur de Bogotá, un polémico exconcejal fue retenido por las autoridades, señalado por sus vecinos de disparar al aire, en medio de una pelea de barrio. En Usaquén, zona norte de la ciudad, un club nocturno en la calle 140 tiene en jaque a autoridades y residentes, que no salen de su asombro porque a pesar de que al sitio se le canceló la personería y tiene resolución de cierre definitivo, aún sigue funcionando en medio de varios escándalos, sin que hasta el momento nadie le haya puesto el tatequieto a este sitio.

Y no hay que olvidar el caso de David Manotas, condenado a 17 años de prisión por asesinar de 22 puñaladas a su vecino, José Francisco Cifuentes, a quien luego lo lanzó por la ventana porque le pidió que le bajara el volumen a su equipo de sonido.

El viernes pasado, un informe de ‘Citynoticias’ daba cuenta de los graves problemas de inseguridad en el conjunto Vistas del Río II, en Usme, en donde hay atracos, robos y riñas, pero donde los cuatro policías para los 300 residentes no pueden ingresar por no tener facultades.

¿Qué es lo que pasa?

Las cifras oficiales revelan que cada hora se reportan 60 llamadas por riñas y 31 por alteración del orden público. Uno de los datos que más llaman la atención es el aumento del maltrato a la mujer, que pasó de 32.931 a 37.493 casos, es decir que cada hora se informan más de 15 agresiones.

Hugo Acero, experto en temas de convivencia y seguridad, afirma que en Barranquilla se logró reducir en un 42 por ciento el número de riñas, gracias a la retención preventiva, acompañada de participación en la resolución de conflictos.

Esto es coger a un borracho problemático, aplicarle la medida y esperar a que la resaca en el sitio de retención lo haga reflexionar.

Gracias a la sentencia 720 del 2007 de la Corte Constitucional, “que reguló la retención como una medida de prevención y protección”, dice Acero, “la persona pasa entre 12 y 14 horas antes de salir, de tal manera que antes de continuar la riña lo va a pensar dos veces”.

A esto se suma que debe pasar, de forma obligatoria, por un taller sobre resolución pacífica de conflictos. Y eso es precisamente lo que pasa en Bogotá, donde es poco lo que se soluciona de manera pacífica.

“Lo que llama la atención es que los últimos gobiernos y el propio Congreso tramitan y aprueban leyes para meter a todo el mundo en la cárcel, cuando estos lugares están en un completo hacinamiento; pero no le han puesto el ojo a la reforma del Código de Policía, que es la herramienta persuasiva para evitar que los casos terminen en situaciones más graves”, dijo Acero, quien reconoció los avances en reducción de delitos de alto impacto en los primeros cien días del gobierno Peñalosa.

Precisamente, la semana se cierra con la solicitud que hizo el subsecretario de Seguridad y Convivencia, Daniel Mejía Londoño, con el respaldo de la Alcaldía de Medellín y la Fundación ProBogotá, para que el Congreso dé trámite a la reforma del Código de Policía, una herramienta que tiene más de 40 años y que en las condiciones actuales pocos conocen, nadie cumple y a la que todos le hacen ley de burlas.

Las querellas más frecuentes

Por peleas entre vecinos debido a goteras o a filtraciones de agua; por impedir el ingreso al inmueble o retener las pertenencias, entre otros hechos de intolerancia, se han instaurado 1.420 querellas, así: Engativá, 102; Kennedy, 98; Suba, 89; Usme, 76; Bosa, 63; Usaquén, 62; Fontibón, 55; Santa Fe, 54; Chapinero, 49; San Cristóbal, 43; Rafael Uribe, 43, y Puente Aranda, 42.

Las claves del Código de Policia

  • Mejorar la convivencia con los vecinos.
  • Reducir de 16 a 1 los procedimientos.
  • Proteger los entornos escolares.
  • Permitir el desarrollo de expresiones artísticas urbanas en sitios especiales para hacerlo.
  • Medidas efectivas para el espacio público.
  • Ayudar a alcaldes e inspectores de policía a mejorar la gestión.
  • Medidas correctivas ejemplarizantes.
  • Autoridad podrá actuar de forma inmediata.
  • Medidas para evitar daños y colados en transporte público masivo.
  • Normas claras contra el hurto de celulares.
  • Herramientas para evitar vecinos ruidosos.

Urgen la aprobación el Código de Policía

Con el fin de evitar y sancionar a los colados en TransMilenio, castigar y frenar los rayones en las paredes, mejorar todos los temas de convivencia como las fiestas ruidosas, los líos por las basuras o los escándalos en las vías públicas, entre otros temas de intolerancia, las autoridades hicieron un llamado al Congreso para que dé trámite al Código de Policía, una tema que lleva varios años sin voluntad política.

“El nuevo Código de Policía es una herramienta para que las ciudades puedan tratar todo el tema de contravenciones; es un instrumento de prevención para que las autoridades sean más eficaces al contrarrestar los delitos y preservar la seguridad ciudadana”, señaló el subsecretario de Seguridad de Bogotá, Daniel Mejía Londoño.

En este sentido, el funcionario advierte que “desde la Secretaría de Gobierno se impulsa esta iniciativa para cristalizar su aprobación en el Congreso de la República.

El Código de Policía actual es de los años 70, está desactualizado y hace años el Gobierno Nacional viene tratando de promover un nuevo Código de Policía. Ciudades como Medellín, Cali, Barranquilla y Bogotá estamos necesitando a gritos esta herramienta”, afirma Mejía Londoño.

Por eso, esta semana hizo un llamado para que el Congreso le dé trámite a esta iniciativa que ya fue aprobada en primer debate

Fuente: eltiempo.com