PROPIEDAD HORIZONTAL una comunidad por descubrir

En la historia humana siempre ha sido la aparición de nuevas opciones lo que ha provocado cambios en la forma de pensar y de vivir. Así sucedió, desde la más remota antigüedad, con la invención del arado, por ejemplo, que hizo que el ser humano dejara de vagar permanentemente en busca de alimentos asentándose en un territorio para cultivar la tierra y este cambio trajo aparejado, naturalmente, el nacimiento del derecho de propiedad sobre la tierra.  

El derecho de propiedad sobre la tierra era en principio absoluto y se extendía en sentido vertical. Hasta arriba, hasta el cielo infinito y hacia abajo, en dirección del subsuelo. Los antiguos decían: hasta el cielo y el infierno.

Así planteado verticalmente ese derecho sobre la tierra, la única manera de dividirlo era asimismo vertical, es decir, levantando cercas, muros o paredes.

De modo que aunque construyéramos un edificio de varias plantas, no se permitía la venta de los pisos independientes, es decir, la propiedad en planos horizontales.

Pero en un momento determinado se inventa el cemento “Portland”, nacido en la isla de igual nombre, en Inglaterra, a fines del siglo XVIII, que permitía levantar grandes estructuras de hormigón ó concreto.

Si a esto le sumamos el invento de la máquina a vapor, que dio origen a infinidad de máquinas industriales, tenemos como resultado una gran concentración de población en torno a las fábricas, lo que hizo necesario imponer un nuevo modelo de propiedad: la propiedad horizontal.

El marco legal correspondiente para nosotros en Colombia, es la Ley 675 de 2001 de Propiedad Horizontal.

Darío Fernando Andrade Peinado - Director -

Darío Fernando Andrade Peinado – Director –

Es indudable al permitir que varias personas sean propietarias sobre partes distintas de un mismo inmueble y a la vez imponer que todas ellas sean copropietarias sobre determinadas partes comunes de ese mismo edificio ya de por sí supone el nacimiento de muchos conflictos. Porque no hay nada que divida más a las personas como la necesidad de compartir cosas.

Esto es un hecho universal que nace en el seno de todas las familias, naturalmente, pero en los edificios y conjuntos de propiedad horizontal los conflictos se agravan aún más porque no hay lazos comunes que unan a las personas que los habitan.

En la familia existen lazos afectivos, en las sociedades, propósitos de ganancia económica, en los clubes ciertas competencias deportivas o cierto grado de pertenencia… pero en los conjuntos residenciales, nada de eso existe.

Quien compra un apartamento o casa en propiedad horizontal lo hace pretendiendo sólo vivir en paz sin que nadie lo moleste, o para arrendarlo y tener una renta.

Salvo excepciones, nadie quiere reunirse para nada con otras personas a las cuales, por otra parte, apenas si las saluda de vez en cuando.

Todas estas circunstancias hacen que al interior de esos conglomerados que llamamos “conjuntos residenciales” se generen muchos problemas de convivencia: Conflictos entre los residentes que conviven y los diferentes grupos poblacionales que son parte estructural del Conjunto residencial.

Es imprescindible, reconocer que la buena o mala convivencia depende del nivel de educación de la comunidad.

En nuestra querida Colombia la educación primaria y secundaria siempre se ha ocupado de exaltar conocimientos básicos y muy poco tienen que ver con la tarea diaria de vivir ni mucho menos con la de convivir.

Por eso es que hoy en día, aún en conjuntos residenciales donde se supone que vive gente culta y bien educada, se arrojan residuos y no se tiene una verdadera consciencia del reciclaje, por  ejemplo, o se dejan abiertas las puertas de los ascensores, o los padres le compran una batería a los hijos, con la cual el ruido permanente impacta los cerebros de sus vecinos.

De igual manera utilizan potentes equipos de sonido que son propios para una cancha de fútbol, o tienen un perro que ladra constantemente impidiendo a otros estudiar o dormir. etc.

A veces a la mala conducta se une el egoísmo, como cuando el propietario dice: “este año me voy a postular para integrar el Consejo de Administración a ver si me arreglan de una buena vez el techo de la cocina”. 

Otras  la ausencia de solidaridad, como cuando el propietario posterga el pago de expensas (cuota de administración) para irse de vacaciones. O peor aún: cuando se niega a permitir arreglos de la tubería en su apartamento que provoca filtraciones en un apartamento inferior o contiguo.

Las autoridades están atestadas de procesos originados en molestias de todo tipo causadas por conductas inapropiadas y fuera de contexto de individuos que aún no comprenden qué es vivir en propiedad horizontal.

En esto debemos reconocer una lamentable falta de información y desconocimiento del reglamento de Propiedad Horizontal del Conjunto Residencial, pero estructuralmente el deterioro de los valores sociales cooperación y participación para convivir en comunidad

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