Ampliación de la Ptar Salitre Engativá: necesita tubos colectores como la mejor alternativa

Establecer tubos colectores que lleven caudales totalmente procesables a una planta anaerobia, necesariamente terciaria, es la mejor alternativa para la Ampliación de la Ptar Salitre Engativá.

La planta de tratamientos de aguas residuales PTAR existente en la margen izquierda de la porción terminal del río Juan Amarillo, en la Localidad de Engativá, ha sido insuficiente para dejar las aguas residuales de las localidades de Usaquén, Suba, Barrios Unidos, Engativá (al menos en parte) vertidas al río Juan Amarillo en condiciones aptas para servir de soporte a un ecosistema de río de tierra fría como el Bogotá.

Eso se puede verificar a primera vista y primer olfato, pues el agua tratada en la planta sale con los mismos color y olor con los que entra. Dado que los sólidos en suspensión y la materia orgánica son los que dan el color, es de suponer que la planta no los reduce significativamente. El olor a alcantarilla depende de compuestos azufrados, principalmente ácido sulfhídrico H2S, que proviene de la reducción anaerobia de aminoácidos que contienen este elemento, que no es al menos notablemente “revertida” por sulfobacterias que usen ese H2S como sustituto del agua para quimiosintetizar sus azúcares.

Estas sulfobacterias tanto reductoras como sintetizadoras no deberían seguir en la fase líquida al salir de la planta, pero, repetimos, las primeras pasan incólumes y las segundas parecen escasísimas, a juzgar por los olores molestos y dañinos. El H2S puede llegar a ser mortal en concentraciones elevadas.

Lo anterior se puede explicar también por otros hechos visibles:

El agua residual ingresa a la planta en proporción de 2/5 de su capacidad, ya que sólo funcionan 2 de los 5 tornillos elevadores. Es decir, lo que nuestros órganos de los sentidos perciben como un resultado deficiente está precedido por un funcionamiento deficiente.

Otro hecho visible es que la fuente de agua residual es un “brazo” artificial del río que viene conducido por un boxculvert desde unos metros debajo de la confluencia de los ríos Salitre y Negro al oeste del barrio Entrerríos, mientras que el caudal “natural” del río fue desviado a un canal dragado en el lecho de la chucua Tibabuyes. Una “mitad” del flujo del río no es siquiera tocado por la planta, mientras que 2/5 del flujo del “brazo” conducido por el boxculvert es apenas tratado.

El canal dragado dentro de la chucua le ha aportado sedimentos y materia orgánica continuamente y a una tasa superior a la que la fase líquida o limnobioma de Tibabuyes puede procesar para mantenerse “limpio” (oligotrófico). Los órganos de los sentidos nos dicen que los limnobiomas de la chucua de Tibabuyes y el río Juan Amarillo (o Salitre) están eutrofizados (o eutroficados).

De ahí que aumente la abundancia relativa de plantas enraizadas y flotantes con raíces, pero no ordenadamente en zonas determinadas por el gradiente de terraza a agua, asociados ambos grupos con exosimbiontes que se nutren de esta materia orgánica. La PTAR no ha corregido ni corregirá esta degradación ecológica.

Adicional a esta alteración del curso y el funcionamiento naturales del río Juan Amarillo y de la chucua Tibabuyes está la generación de “madreviejas” paralelas a los dos cursos anteriores sobre las cuales se han asentado comunidades vegetales ruderales dominadas por higuerilla Ricinus communis (Euphorbiaceae), especie introducida muy adaptable originaria de Egipto (y no las enraizadas y flotantes (freatofitias y helofitias) propias de las chucuas), con las que pretenden compensar la chucua de Tibaguya que será destruida por la ampliación de la PTAR. Estas “madreviejas” no son tales: su forma no ayuda, pues tienen las orillas prácticamente verticales y así es imposible que se asienten las comunidades vegetales propias y, por ende, buena parte de los ensambles faunísticos propios de las chucuas.

En síntesis, entre desvíos, canales y madreviejas, las partes más bajas de las cuencas de la chucua Tibabuyes y el río Juan Amarillo han sido complicadas innecesariamente y eutrofizadas (incluso hipereutrofizadas) como le ha pasado a la del río Balsillas en Mosquera (Cundinamarca).

Como parte de manejos anteriores, se plantaron árboles nativos y exóticos sobre rellenos de escombros que elevaron la superficie hasta 4 m del nivel anterior, para producir un arboretum de valor paisajístico, pero también ecológico “experimental” como pasa con el del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia o incluso el mismo Jardín Botánico José Celestino Mutis. Esta elevación del terreno restringe bastante la posibilidad de que el agua freática directamente conectada con la chucua Tibaguya actual les “pudra” las raíces a los árboles.

Pues bien, este arboretum que a fuerza de vivir autónomamente se integra por “vía” de los animales (sobre todo aves), el viento y el agua escurrente con la chucua Tibaguya actual en una “unidad ecológica” nueva que puede adquirir un carácter de reserva de biodiversidad como el Jardín Botánico o la Van Der Hammen, independientemente de la figura jurídica, será destruido con un “Parque Metropolitano” para “esparcimiento” de la Localidad de Suba y generar un conflicto perverso con los habitantes de la de Engativá.

Considero indispensable que los responsables de la PTAR, sean la EAAB, la CAR, la SDA u otra entidad, presenten la información que sustente ampliar dicha PTAR EN LAS CONDICIONES EN QUE PROPONEN AMPLIARLA, y no en abstracto. Esta información debe incluir datos y modelos multianuales (al menos, en tanto sean seguimiento mensual) y análisis de

Limnimetría de todos y cada uno de los “brazos” del río Juan Amarillo, en especial el que metieron en la chucua Tibabuyes.

Balance hídrico de las cuencas del río Juan Amarillo y la chucua Tibabuyes.

Limnología físico-química e hidrobiológica de los dos anteriores y del río Bogotá al menos en el punto del vertimiento de las aguas tratadas por el río Bogotá. La hidrobiología de una PTAR debe abarcar árqueos y bacterios que pueden metabolizar metales pesados, azufre, nitrógeno, pero también “algas” planctónicas y perifíticas, bentos, zooplancton y neuston, macrófitos. Además de esto, si bien no sobra saber cómo se comportan variables (ojo, no parámetros) como la acidez, la dureza, la conductividad, el pH, la temperatura, entre otras que arrojan un panorama general, hay que conocer cuántos poluentes hay, cuáles son y en qué concentraciones, para definir:

Cuáles vías metabólicas fermentativas-quimiosintéticas y, por lo tanto, anaerobias se van a emplear en la PTAR para que el río Bogotá vuelva a tener capitanes Eremophilus mutisii, capitanejos Trichomycterus bogotense(Trichomycteridae) y guapuchas Grundulus bogotensis (Characidae)

En caso de no contar con ello, se nos demuestra que la ampliación no estaría fundamentada, sería otro salto al vacío, en el sentido de que estaría igual o peor de subdimensionada que la que hay, y que sería mejor aplicar el principio de precaución PARA recabar la información necesaria y rediseñar todo.

Hay que tratar toda el agua residual desde la fuente e impedir que llegue a la chucua Tibabuyes y el río Juan Amarillo, o cualquier otro hidrobioma léntico o lótico. Por eso, proponemos que se establezcan tubos colectores que lleven caudales totalmente procesables a una planta anaerobia, necesariamente terciaria en el mismo lugar en el que está la PTAR Salitre, en tanto está en el punto más bajo de las platicuencas del río y la chucua ya mencionados.

Fuente: Fidel Ernesto Poveda Gómez – Biólogo.

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